Hace aproximadamente dos años mi abuela comenzó a caer sin saber ni cómo ni por qué. La primera vez fue en las escaleras de su casa, pero pensamos que pudo ser porque tropezó o porque perdió el equilibrio, por lo que sólo fuimos a urgencias a que le curaran las heridas. La segunda caída fue a media noche en el pasillo de su casa donde perdió el conocimiento, cayó al suelo, se dobló la muñeca y se hizo algunos rasguños en la cara y piernas. Estuvo ingresada en el hospital donde le realizaron varias pruebas pero los médicos no llegaron a la causa de la caída.
Pocos meses después cayó de nuevo pero esta vez mientras cruzaba la carretera. Esto hizo que nuestra preocupación aumentase mucho más, por lo que decidimos llevarla a un segundo hospital para hacerle nuevas pruebas y obtener una segunda valoración.
Durante la consulta el médico explicó que cuando mi abuela entró por la puerta notó su rigidez al andar y cómo arrastraba los pies, y que estos síntomas eran muy característicos de la enfermedad del parkinson. No obstante comentó que al principio la enfermedad no es nada fácil de diagnosticar porque los síntomas son leves, poco específicos y pueden llevar a confusión. Para descartar otra posible enfermedad, ya que esta no estaba del todo clara, el especialista le hizo dos pruebas: RMN y TAC, en los cuales se dió con un adenoma hipofisario. Según el médico este adenoma no tenía ninguna relación con lo que le sucedía, por lo tanto llegó a la conclusión de la existencia de un párkinson sobre todo basándose en los signos clínicos externos que presentaba.
El médico nos explicó que esta enfermedad es producida por un proceso neurodegenerativo multisistémico que afecta al sistema nervioso central lo que provoca la aparición de síntomas motores y no motores. Es crónica y afecta de diferente manera a cada persona que la padece, la evolución puede ser muy lenta en algunos pacientes y en otros puede evolucionar más rápidamente. No es una enfermedad fatal, lo que significa que el afectado (en este caso mi abuela) no va a fallecer a causa del párkinson.
Los síntomas motores más frecuentes son el temblor, la rigidez, la lentitud de movimientos y la inestabilidad postural, entre otros. Además de la alteración motora, otras regiones del sistema nervioso y otros neurotransmisores diferentes a la dopamina están también involucrados en la enfermedad, añadiendo otros síntomas diversos a los síntomas motores típicos, conocidos como síntomas no motores. Con frecuencia aparecen años antes que los síntomas motores, se los conoce como “síntomas premotores”. Los más conocidos son: depresión, reducción del olfato, estreñimiento y trastorno de conducta del sueño REM.

Afecta tanto a hombres como a mujeres, y más del 70 por ciento de las personas diagnosticadas de parkinson supera los 65 años de edad. Sin embargo, no es una enfermedad exclusivamente de personas de edad avanzada ya que el 30 por ciento de los diagnosticados es menor de 65 años.
Los síntomas más frecuentes son:
- Temblores: Lentos y rítmicos. Predominan estando en reposo y disminuyen al hacer un movimiento voluntario. No en todos los pacientes.
- Rigidez muscular: Resistencia a mover las extremidades.
- Bradicinesia: Lentitud de movimientos voluntarios y automáticos. Falta de expresión de la cara. Torpeza manipulativa.
- Anomalías posturales: Inclinación del tronco y la cabeza hacia delante. Codos y rodillas están como encogidos.
- Anomalías al andar: Marcha lenta, arrastrando los pies. A veces se dan pasos rápidos y cortos (festinación), con dificultad para pararse. Episodios de bloqueo (los pies parecen que están pegados al suelo).
- Trastorno del equilibrio: Reflejos alterados, fáciles caídas.
- Trastornos del sueño: insomnio para coger el primer sueño, sueño muy fragmentado en la noche, despertarse muy temprano y no volver a dormirse..
Al finalizar, como tratamiento el médico le recetó Sinemet, un medicamento que contiene principalmente levodopa y Azilect (rasagilina) que lo complementa. La levodopa es un medicamento que actúa sobre el sistema nervioso. La barrera hematoencefálica no permite que la dopamina externa pueda penetrar en el cerebro. Sin embargo la levodopa, su precursor inmediato, sí tiene esta capacidad. Este fármaco se transformará posteriormente en dopamina en el cuerpo estriado de los ganglios basales gracias a la descarboxilación producida por las neuronas dopaminérgicas, con lo que finalmente se terminará por aumentar los niveles de dopamina en el encéfalo. La levodopa se aplica conjuntamente con inhibidores de la acción periférica como la carbidopa, la cual permite que la levodopa no se degrada en su paso por el tubo digestivo y pueda entrar en el sistema nervioso central adecuadamente.
Actualmente, mi abuela continúa con este tratamiento. Algunos inconvenientes de estos medicamentos, principalmente el que contiene levodopa, es que le producen: náuseas y vómitos tras las comidas, aunque a ella se las produce incluso durante la comida; disminución del apetito, desde que lo toma ha perdido 15 kg; insomnio y temblores, aunque estos no habían aparecido antes de este último mes y medio. A pesar de esto, gracias a esta medicación la enfermedad se esta ralentizando, y esperamos que continúe haciéndolo.
Si queréis saber un poco más acerca de esta enfermedad os animo a ver este vídeo-documental titulado “Sí, padezco parkinson”, donde se explica esta enfermedad desde el punto de vista de una enferma que la sufre desde bastante joven. https://www.youtube.com/watch?v=R9ZOTyY58FI
Elisabet Lizán